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lunes, 7 de octubre de 2013

El Alquimista

Titulo: El Alquimista
Autor: Paulo Coelho
Año: 1988 (2013)
Traducido por: Montserrat Mira

Editorial: Planeta
Temática: Ficción Moderna y Contemporánea
Páginas: 192
ISBN: 978-84-617-0275-6

Sinopsis: El Alquimista relata las aventuras de Santiago, un joven pastor andaluz que un día abandona su rebaño para ir en busca de una quimera. Un enriquecedor viaje por las arenas del desierto que recrea un símbolo hermoso y revelador de la vida, el hombre y sus sueños más profundos. Considerado ya un clásico de nuestros días.

Yendo ellos por el camino entraron en cierto pueblo. Y una mujer, llamada Marta, los hospedó en su casa. [...]
LUCAS, 10, 38-42

El Alquimista cogió un libro que alguien de la caravana había traído.


El muchacho se llamaba Santiago. Comenzaba a oscurecer cuando llegó con su rebaño frente a una vieja iglesia abandonada.


Extendió su chaqueta en el suelo y se acostó, usando el libro que acababa de leer como almohada. Recordó, antes de dormir, que tenía que comenzar a leer libros más gruesos: se tardaba más en acabarlos y resultaban ser almohadas más confortables durante la noche.

las ovejas enseñan más que los libros

siempre conocían una ciudad donde había alguien capaz de hacerles olvidar la alegría de viajar libres por el mundo.

El mundo era grande e inagotable, y si él dejara que las ovejas le guiaran apenas un poquito, iba a terminar descubriendo más cosas interesantes.

«Es justamente la posibilidad de realizar un sueño lo que hace que la vida sea interesante»,

—Tú has venido a saber de sueños —respondió la vieja—. Y los sueños son el lenguaje de Dios. Cuando Él habla el lenguaje del mundo, yo puedo interpretarlo. Pero si habla el lenguaje de tu alma, sólo tú podrás entenderlo.

«Si vienes hasta aquí encontrarás un tesoro escondido.» Y cuando iba a mostrarme el lugar exacto, me desperté.

—Es un sueño del Lenguaje del Mundo —dijo ella—.

Las cosas simples son las más extraordinarias, y sólo los sabios consiguen verlas.

Cuando vemos siempre a las mismas personas (y esto pasaba en el seminario) terminamos haciendo que pasen a formar parte de nuestras vidas.

—Es un libro que habla de lo que hablan casi todos los libros —continuó el viejo—. De la incapacidad que las personas tienen para escoger su propio destino. Y termina haciendo que todo el mundo crea la mayor mentira del mundo.
—¿Cuál es la mayor mentira del mundo? —indagó, sorprendido, el muchacho.
—Es ésta: en un determinado momento de nuestra existencia, perdemos el control de nuestras vidas, y éstas pasan a ser gobernadas por el destino. Ésta es la mayor mentira del mundo.

A veces es mejor estar con las ovejas, que son calladas y se limitan a buscar alimento y agua. O es mejor estar con los libros, que cuentan historias fantásticas siempre en los momentos en que uno quiere oírlas.

—Es aquello que siempre deseaste hacer. Todas las personas, al comienzo de su juventud, saben cuál es su Leyenda Personal. En ese momento de la vida todo se ve claro, todo es posible, y ellas no tienen miedo de soñar y desear todo aquello que les gustaría hacer en sus vidas. No obstante, a medida que el tiempo va pasando, una misteriosa fuerza trata de convencerlas de que es imposible realizar la Leyenda Personal.

—Son fuerzas que parecen malas, pero en verdad te están enseñando cómo realizar tu Leyenda Personal. Están preparando tu espíritu y tu voluntad, porque existe una gran verdad en este planeta; seas quien seas o hagas lo que hagas, cuando deseas con firmeza alguna cosa, es porque este deseo nació en el alma del Universo. Es tu misión en la Tierra.

El Alma del Mundo se alimenta con la felicidad de las personas.

Y cuando quieres algo, todo el Universo conspira para que realices tu deseo.

A veces aparezco bajo la forma de una buena salida, de una buena idea. Otras veces, en un momento crucial, hago que todo se vuelva más fácil. Y cosas así. Pero la mayor parte de la gente no se da cuenta.

—Si empiezas por prometer lo que aún no tienes, perderás tu voluntad para conseguirlo.

De cualquier manera, es bueno que aprendas que todo en la vida tiene un precio.

cuando todos los días parecen iguales es porque las personas han dejado de percibir las cosas buenas que aparecen en sus vidas siempre que el sol cruza el cielo.

El viento traía a los moros, es verdad, pero también traía el olor del desierto y de las mujeres cubiertas con velo. Traía el sudor y los sueños de los hombres que un día habían partido en busca de lo desconocido, de oro, de aventuras... y de pirámides. El muchacho comenzó a envidiar la libertad del viento, y percibió que podría ser como él. Nada se lo impedía, excepto él mismo.

—¿Dónde está el tesoro? —preguntó.
—El tesoro está en Egipto, cerca de las Pirámides.
El muchacho se asustó. La vieja le había dicho lo mismo, pero no le había cobrado nada.
—Para llegar hasta él tendrás que seguir las señales. Dios escribió en el mundo el camino que cada hombre debe seguir. Sólo hay que leer lo que Él escribió para ti.

No puedes confiar en un hombre si no conoces su casa.

El secreto de la felicidad está en mirar todas las maravillas del mundo, pero sin olvidarse nunca de las dos gotas de aceite en la cuchara.

el dinero era mágico: con él nadie está solo jamás.

«Soy como todas las personas: veo el mundo tal como desearía que sucedieran las cosas, y no como realmente suceden.»

«Cuando quieres una cosa, todo el Universo conspira para ayudarte a conseguirla»

«Aprende a respetar y a seguir las señales»

No tenía un céntimo en el bolsillo, pero tenía fe en la vida.

La noche anterior había escogido ser un aventurero, igual que los personajes de los libros que solía leer.

Existe un lenguaje que va más allá de las palabras —pensó el muchacho—. 

«Si aprendo a descifrar este lenguaje sin palabras, conseguiré descifrar el mundo.»

«Las personas hablan mucho de señales —pensó el pastor—, pero no se dan cuenta de lo que están diciendo. De la misma manera que yo no me daba cuenta de que desde hacía muchos años hablaba con mis ovejas un lenguaje sin palabras.»

Tenemos que aprovechar cuando la suerte está de nuestro lado, y hacer todo lo posible por ayudarla, de la misma manera que ella nos está ayudando.

un zapatero que vivía de remendar botas ajenas, me dijo que había caminado casi un año por el desierto, pero que se cansaba mucho más cuando tenía que caminar algunas manzanas en Tánger para comprar cuero.

Tengo miedo de realizar mi sueño y después no tener más motivos para continuar vivo.

Pero tengo miedo de que sea una gran decepción, y por eso sólo prefiero seguir soñando.

«Acuérdate de saber siempre lo que quieres»

No quiero cambiar porque no sé cómo hacerlo.

«Debe de haber otras cosas en el mundo que las ovejas no pueden enseñar —pensó el chico mirando al Mercader en silencio—. Porque ellas sólo se preocupan de buscar agua y comida. Creo que no son ellas las que enseñan: soy yo quien aprendo.»

A veces es imposible detener el río de la vida.

«Nunca desistas de tus sueños —había dicho el viejo rey—. Sigue las señales.»

Las ovejas, sin embargo, le habían enseñado una cosa mucho más importante: que había un lenguaje en el mundo que todos entendían, y que el muchacho había usado durante todo aquel tiempo para hacer progresar la tienda. Era el lenguaje del entusiasmo, de las cosas hechas con amor y con voluntad, en busca de algo que se deseaba o en lo que se creía.

Pero se daba cuenta de una cosa importante: las decisiones eran solamente el comienzo de algo. Cuando alguien tomaba una decisión, estaba zambulléndose en una poderosa corriente que llevaba a la persona hasta un lugar que jamás hubiera soñado en el momento de decidirse.

—Todo en la vida son señales

El Universo fue creado por una lengua que todo el mundo entiende, pero que ya fue olvidada. Estoy buscando ese Lenguaje Universal, entre otras cosas. 
»Por eso estoy aquí. Porque tengo que encontrar a un hombre que conoce el Lenguaje Universal. Un Alquimista.

Si yo pudiese, escribiría una gigantesca enciclopedia sobre las palabras «suerte» y «coincidencia».

«Cuanto más se aproxima uno al sueño, más se va convirtiendo la Leyenda Personal en la verdadera razón de vivir»

Cada vez que miraba el mar o el fuego era capaz de quedarse horas callado, sin pensar en nada, sumergido en la inmensidad y la fuerza de los elementos.

los presentimientos eran las rápidas zambullidas que el alma daba en esta corriente Universal de vida, donde la historia de todos los hombres está ligada entre sí, y podemos saberlo todo, porque todo está escrito.

Sólo sentimos miedo de perder aquello que tenemos, ya sean nuestras vidas o nuestras plantaciones. Pero este miedo pasa cuando entendemos que nuestra historia y la historia del mundo fueron escritas por la misma Mano.

—Quien entra en el desierto no puede volver atrás —repuso el camellero—. Y cuando no se puede volver atrás, sólo debemos preocuparnos por la mejor manera de seguir hacia adelante.

—Tendría que prestar más atención a las caravanas —dijo el muchacho al Inglés cuando el camellero se fue—. Dan muchas vueltas, pero siempre mantienen el mismo rumbo.
—Y tú tendrías que leer más sobre el mundo —replicó el Inglés—. Los libros son igual que las caravanas.

—Éste es el principio que mueve todas las cosas —dijo—. En Alquimia se le denomina el Alma del Mundo. Cuando deseas algo con todo tu corazón, estás más próximo al Alma del Mundo. Es una fuerza siempre positiva.

—Todo lo que está sobre la faz de la Tierra se transforma siempre, porque la Tierra está viva, y tiene una alma. Somos parte de esta Alma y raramente sabemos que ella siempre trabaja en nuestro favor.

—Ésta es la magia de las señales —continuó el muchacho—. He visto cómo los guías leen las señales del desierto y cómo el alma de la caravana conversa con el alma del desierto.

El muchacho descubrió que la parte líquida de la Gran Obra era llamada Elixir de la Larga Vida, que curaba todas las enfermedades y evitaba que el alquimista envejeciese. Y la parte sólida se conocía con el nombre de Piedra Filosofal.

Sólo los persistentes, sólo aquellos que investigan mucho, son los que consiguen la Gran Obra.

—He aprendido que el mundo tiene una Alma y que quien entienda esa Alma entenderá el lenguaje de las cosas.

Si tengo que luchar, será un día tan bueno para morir como cualquier otro.
»Porque no vivo ni en mi pasado ni en mi futuro. Tengo sólo el presente, y eso es lo único que me interesa. Si puedes permanecer siempre en el presente serás un hombre feliz. Percibirás que en el desierto existe vida, que el cielo tiene estrellas, y que los guerreros luchan porque esto forma parte de la raza humana. La vida será una fiesta, un gran festival, porque ella sólo es el momento que estamos viviendo.

De la misma manera que un relincho de camello podía transformarse en peligro, una hilera de palmeras podía significar un milagro.
«El mundo habla muchos lenguajes», pensó el muchacho.

«Tal vez Dios haya creado el desierto para que el hombre pueda sonreír con las palmeras»

«No te impacientes —se repitió para sí—. Como dijo el camellero, come a la hora de comer. Y camina a la hora de caminar.»

Cuando vio sus ojos negros, sus labios indecisos entre una sonrisa y el silencio, entendió la parte más importante y más sabia del Lenguaje que todo el mundo hablaba y que todas las personas de la tierra eran capaces de entender en sus corazones. Y esto se llamaba Amor, algo más antiguo que los hombres y que el propio desierto, y que sin embargo resurgía siempre con la misma fuerza dondequiera que dos pares de ojos se cruzaran como se cruzaron los de ellos delante del pozo. Los labios finalmente decidieron ofrecer una sonrisa, y aquello era una señal, la señal que él esperó sin saberlo durante tanto tiempo en su vida, que había buscado en las ovejas y en los libros, en los cristales y en el silencio del desierto.
Allí estaba el puro lenguaje del mundo, sin explicaciones, porque el Universo no necesitaba explicaciones para continuar su camino en el espacio sin fin. Todo lo que el muchacho entendía en aquel momento era que estaba delante de la mujer de su vida, y sin ninguna necesidad de palabras, ella debía de saberlo también. Estaba más seguro de esto que de cualquier cosa en el mundo, aunque sus padres, y los padres de sus padres, dijeran que era necesario salir, simpatizar, prometerse, conocer bien a la persona y tener dinero antes de casarse. Los que decían esto quizá jamás hubiesen conocido el Lenguaje Universal, porque cuando nos sumergimos en él es fácil entender que siempre existe en el mundo una persona que espera a otra, ya sea en medio del desierto o en medio de una gran ciudad. Y cuando estas personas se cruzan y sus ojos se encuentran, todo el pasado y todo el futuro pierde su importancia por completo, y sólo existe aquel momento y aquella certeza increíble de que todas las cosas bajo el sol fueron escritas por la misma Mano. La Mano que despierta el Amor, y que hizo un alma gemela para cada persona que trabaja, descansa y busca tesoros bajo el sol. Porque sin esto no habría ningún sentido para los sueños de la raza humana.

Después llenó su cántaro y se fue. El Inglés se fue también, en busca del Alquimista. Y el muchacho se quedó mucho tiempo sentado al lado del pozo, entendiendo que algún día el Levante había dejado en su rostro el perfume de aquella mujer, y que ya la amaba incluso antes de saber que existía, y que su amor por ella haría que encontrase todos los tesoros del mundo.

Todo lo que me dijo fue: «Ve e inténtalo.»

—Es lo que voy a hacer. Y empezaré ahora.

—Vine a decirte una cosa muy sencilla —dijo el chico—. Quiero que seas mi mujer. Te amo.
La moza dejó que su cántaro derramase el agua.
—Te esperaré aquí todos los días. Crucé el desierto en busca de un tesoro que se encuentra cerca de las Pirámides. La guerra fue para mí una maldición, pero ahora es una bendición porque me mantiene cerca de ti.

—Hace mucho tiempo que estuve aquí, en este pozo, esperándote. No consigo recordar mi pasado, la Tradición, la manera en que los hombres esperan que se comporten las mujeres del desierto. Desde pequeña soñaba que el desierto me traería el mayor regalo de mi vida. Este regalo llegó, por fin, y eres tú. 
El muchacho sintió deseos de tocar su mano. Pero Fátima estaba sosteniendo las asas del cántaro.
—Tú me hablaste de tus sueños, del viejo rey y del tesoro. Me hablaste de las señales. Ya no tengo miedo de nada, porque fueron estas señales las que te trajeron a mí. Y yo soy parte de tu sueño, de tu Leyenda Personal, como sueles decir. 
»Por eso quiero que sigas en la dirección de lo que viniste a buscar. Si tienes que esperar hasta el final de la guerra, muy bien. Pero si tienes que partir antes, ve en dirección a tu Leyenda. Las dunas cambian con el viento, pero el desierto sigue siendo el mismo. Así sucederá con nuestro amor. 
»Maktub —añadió—. Si yo soy parte de tu Leyenda, tú volverás un día.

Soy una mujer del desierto, y estoy orgullosa de ello. Quiero que mi hombre también camine libre como el viento que mueve las dunas. También quiero poder ver a mi hombre en las nubes, en los animales y en el agua.

El miedo a fallar fue lo que me impidió intentar la Gran Obra hasta hoy.

«Cuando se ama, las cosas adquieren aún más sentido»

Había oído hablar de los espejismos, y ya había visto algunos: eran deseos que se materializaban sobre la arena del desierto.

El coraje es el don más importante para quien busca el Lenguaje del Mundo.

Sólo quien encuentra vida puede encontrar tesoros.

—La vida atrae a la vida —respondió el Alquimista.

—Yo te amo porque tuve un sueño, encontré un rey, vendí cristales, crucé el desierto, los clanes declararon la guerra, y estuve en un pozo para saber dónde vivía un Alquimista. Yo te amo porque todo el Universo conspiró para que yo llegara hasta ti. 
Los dos se abrazaron. Era la primera vez que sus cuerpos se tocaban.
—Volveré —repitió el muchacho.
—Antes yo miraba al desierto con deseo —dijo Fátima—. Ahora lo haré con esperanza.

—¿Lloras?
—Soy una mujer del desierto —dijo ella escondiendo el rostro—. Pero por encima de todo soy una mujer.

Tendría que mandar sus besos con el viento con la esperanza de que tocase el rostro del muchacho y le contase que estaba viva, esperando por él, como una mujer espera a un hombre valiente que sigue en busca de sueños y tesoros. 

—Si lo que tú has encontrado está formado por materia pura, jamás se pudrirá. Y tú podrás volver un día. Si fue sólo un momento de luz, como la explosión de una estrella, entonces no encontrarás nada cuando regreses. Pero habrás visto una explosión de luz. Y esto sólo ya habrá valido la pena.

el viento recordaba al muchacho que existía el Lenguaje de las Señales, siempre dispuesto a mostrar lo que sus ojos no conseguían ver.

Los sabios entendieron que este mundo natural es solamente una imagen y una copia del Paraíso. La simple existencia de este mundo es la garantía de que existe un mundo más perfecto que éste.

—Escucha a tu corazón. Él lo conoce todo, porque proviene del Alma del Mundo, y un día retornará a ella.

—¿Por qué hemos de escuchar al corazón? —preguntó el muchacho cuando acamparon aquel día.
—Porque donde él esté es donde estará tu tesoro.

Es natural que se tenga miedo de cambiar por un sueño todo aquello que ya se consiguió.
—Entonces, ¿para qué debo escuchar a mi corazón?
—Porque no conseguirás jamás mantenerlo callado. Y aunque finjas no escuchar lo que te dice, estará dentro de tu pecho repitiendo siempre lo que piensa sobre la vida y el mundo.

Nadie consigue huir de su corazón. Por eso es mejor escuchar lo que te dice. Para que jamás venga un golpe que no esperas.

Nosotros, los corazones, nos morimos de miedo sólo de pensar en los amores que partieron para siempre, en los momentos que podrían haber sido buenos y que no lo fueron, en los tesoros que podrían haber sido descubiertos y se quedaron para siempre escondidos en la arena.
—Mi corazón tiene miedo de sufrir —dijo el muchacho al Alquimista, una noche en que miraban al cielo sin luna.
—Explícale que el miedo a sufrir es peor que el propio sufrimiento.

«Cada momento de búsqueda es un momento de encuentro —dijo el muchacho a su corazón—. Mientras busqué mi tesoro, todos mis días fueron luminosos, porque yo sabía que cada momento formaba parte del sueño de encontrar. Mientras busqué este tesoro mío, descubrí por el camino cosas que jamás habría soñado encontrar, si no hubiese tenido el valor de intentar cosas imposibles para los pastores.»

Y que la felicidad se podía encontrar en un simple grano de arena del desierto, como había dicho el Alquimista. Porque un grano de arena es un momento de la Creación, y el Universo tardó miles de millones de años para crearlo. 

El muchacho se acordó de un viejo proverbio de su tierra. Decía que la hora más oscura era la que venía antes del nacimiento del sol.

Cuando tenemos los grandes tesoros delante de nosotros, nunca los reconocemos.

«Todo es una sola cosa»

cuando una cosa evoluciona, evoluciona también todo lo que la rodea.

El Alquimista le pidió que se colocara la concha en el oído. Él ya lo había hecho muchas veces de niño, y escuchó, como entonces, el sonido del mar.
—El mar continúa dentro de esta concha, porque es su Leyenda Personal. Y jamás la abandonará, hasta que el desierto se cubra nuevamente de agua.

—¿Qué es un Alquimista? —preguntó finalmente.
—Un hombre que conoce la naturaleza y el mundo. Si él quisiera, destruiría este campamento sólo con la fuerza del viento.

Sólo una cosa hace que un sueño sea imposible: el miedo a fracasar.

—Acuérdate de lo que te dije: el mundo no es más que la parte visible de Dios. Y que la Alquimia es traer al plano material la perfección espiritual.

—¿Qué haces aquí de nuevo? —le preguntó el desierto—. ¿Acaso no nos contemplamos suficientemente ayer?
—En algún punto guardas a la persona que amo —dijo el muchacho—. Entonces, cuando miro a tus arenas, también la veo a ella. Quiero volver junto a ella, y necesito tu ayuda para transformarme en viento.
—¿Qué es el amor? —preguntó el desierto.
—El amor es cuando el halcón vuela sobre tus arenas. Porque para él, tú eres un campo verde, y él nunca volvió sin caza. Él conoce tus rocas, tus dunas y tus montañas, y tú eres generoso con él.

El viento se acercó al muchacho y tocó su rostro. Había escuchado su conversación con el desierto, porque los vientos siempre lo oyen todo. Recorrían el mundo sin un lugar donde nacer y sin un lugar donde morir.
—Ayúdame —le pidió el muchacho al viento—. Un día escuché en ti la voz de mi amada.
—¿Quién te enseñó a hablar el lenguaje del desierto y del viento? 
—Mi corazón —repuso el muchacho.

Tengo en mí los vientos, los desiertos, los océanos, las estrellas, y todo lo que fue creado en el Universo. Fuimos hechos por la misma Mano, y tenemos la misma Alma. Quiero ser como tú, penetrar en todos los rincones, atravesar los mares, levantar la arena que cubre mi tesoro, acercar a mí la voz de mi amada.

—Es eso que llaman Amor —dijo el muchacho al ver que el viento estaba a punto de acceder a su petición—. Cuando se ama es cuando se consigue ser algo de la Creación. Cuando se ama no tenemos ninguna necesidad de entender lo que sucede, porque todo pasa a suceder dentro de nosotros, y los hombres pueden transformarse en viento.

Es lo que hacen los Alquimistas. Muestran que, cuando buscamos ser mejores de lo que somos, todo a nuestro alrededor se vuelve mejor también.

El Amor es la fuerza que transforma y mejora el Alma del Mundo.

—Gracias —dijo el muchacho—. Usted me ha enseñado el Lenguaje del Mundo.
—Me limité a recordarte lo que ya sabías.

«Todo lo que sucede una vez puede que no suceda nunca más. Pero todo lo que sucede dos veces, sucederá, ciertamente, una tercera.»

—No importa lo que haga, cada persona en la Tierra está siempre representando el papel principal de la Historia del mundo —dijo—. Y normalmente no lo sabe.

Cuando se disponía a subir una duna —y sólo en aquel momento—, su corazón le susurró al oído: «Estáte atento cuando llegues a un lugar en donde vas a llorar. Porque en ese lugar estoy yo, y en ese lugar está tu tesoro.» 
El muchacho comenzó a subir la duna lentamente. El cielo, cubierto de estrellas, mostraba nuevamente la luna llena; habían caminado un mes por el desierto. La luna iluminaba también la duna, en un juego de sombras que hacía que el desierto pareciese un mar lleno de olas, y que hizo recordar al muchacho el día en que había soltado a su caballo para que corriera libremente por él, ofreciendo una buena señal al Alquimista. Finalmente, la luna iluminaba el silencio del desierto y el viaje que emprenden los hombres que buscan tesoros.
Cuando después de algunos minutos llegó a lo alto de la duna, su corazón dio un salto. Iluminadas por la luz de la luna llena y por la blancura del desierto, erguíanse, majestuosas y solemnes, las Pirámides de Egipto.
El muchacho cayó de rodillas y lloró.

Allí, en aquella duna, el muchacho había llorado. Miró al suelo y vio que, en el lugar donde habían caído sus lágrimas, se paseaba un escarabajo. Durante el tiempo que había pasado en el desierto había aprendido que en Egipto los escarabajos eran el símbolo de Dios.

El muchacho se levantó con dificultad y contempló una vez más las Pirámides. Las Pirámides le sonreían, y él les devolvió la sonrisa, con el corazón repleto de felicidad. 
Había encontrado el tesoro.


4 comentarios:

  1. Me encanto este libro de Coelho. Fue el primero suyo que lei y uno de mis favoritos junto con El demonio y la señorita Prym. La sensacion de paz que me dejo la lectura es otra de las cosas que recuerdo de su lectura y de optimismo, como que los sueños se pueden alcanzar, basta querer.

    En fin, que un libro que merece la pena ser leido y disfrutado.

    Saludos

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  2. Odio este libro, lo odio con todas mis fuerzas. No me gustó para nada en ningún momento y lo acabé porque era cortito que si no... No creo que vuelva a leer a este autor si todo lo suyo es igual.

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  3. El ALQUIMISTA, un excelente libro para tenerlo en la colección. Es sin duda, un libro que abre una puerta al entendimiento del mundo y a la existencia humana...

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