20 de enero de 2014

Algún día nos lo contaremos todo

Titulo: Algún día nos lo contaremos todo
Autor: Daniela Krien
Año: 2011 (2013)
Traducido por: María José Díez Pérez

Editorial: Salamandra
Temática: Ficción Moderna y Contemporánea
Páginas: 192
ISBN: 978-84-15630-10-4

Sinopsis: En el verano de 1990, los jóvenes habitantes de la Alemania socialista ven cómo el país donde nacieron se desvanece ante sus ojos. Cerca de una frontera que ha dejado de serlo, en una granja rodeada de bosques y ondulantes praderas, Maria vive en casa de la familia de Johannes, su novio. Los padres de éste la acogen como a una hija, aunque pronto queda claro que no está hecha para la dura vida del campo. A punto de cumplir los diecisiete años, delicada y soñadora, Maria ya ha visto suficiente dolor en su propia familia y prefiere retirarse en los maizales o junto al arroyo que bordea los prados para abstraerse sumergiéndose en las páginas de Dostoievski o Knut Hamsun. Así, su vida transcurre apaciblemente hasta que conoce a Henner, un hombre de cuarenta años, solitario y enigmático, de trato arisco pero con un extraño poder de seducción. Una mirada, un simple roce, despiertan en ambos un deseo irrefrenable, una pasión casi atávica, cuya intensidad los arrastra a una situación insostenible en una pequeña comunidad rural marcada por décadas de intimidación y desconfianza.

  • Es verano, un verano caluroso, espléndido.
  • Dada la imponente sombra que desde fuera proyecta el castaño, por las ventanas sólo entran pequeños jirones de luz vespertina.
  • Hasta que vine aquí no sabía lo bonito que es este paraje. Por el momento, no puedo imaginar un lugar mejor.
  • Pocas veces he sido tan feliz. Tengo las mejillas sonrojadas por el sol, los brazos y la nuca incluso morenos, aunque el verano no ha hecho más que empezar.
  • En su casa tiene una estantería llena de libros, lo nunca visto.
  • —Ahora podemos ir a donde queramos, ya no hay fronteras —afirma mientras desenrosca el objetivo—, y voy a fotografiarlo todo, pero especialmente a ti.
  • leyendo en una tumbona bajo el manzano.
  • Cada gesto se torna imagen; cada mirada, eternidad. Me aísla del tiempo y retiene un instante que justo después se pierde para siempre: cada foto es una pequeña muerte.
  • Estoy tumbada en la hierba, detrás del aserradero. Las palabras del libro bailan y se desvanecen.
    El sueño me atrapa como un ladrón, llega como caído del cielo y se desploma pesadamente sobre mi cuerpo, que el amor ha dejado maltrecho.
  • Un único instante puede cambiar una vida.
  • Johannes ya no me ve, sólo ve fotos.
  • Hay cosas que cuesta mucho decir, cada palabra es un triunfo, y lo único que hago yo es estorbar.
  • «Somos los caminantes sin destino, / nubes que el viento dispersa, / flores que en frío temblor mortecino / están esperando la guadaña tersa.»
  • ¡Nuestro camino nos lleva hasta la luz de la mañana, estamos orgullosos de ser pioneros!
  • Cuando leo sus frases es como si me precipitara al abismo, y cada vez deseo salir corriendo y dejarlo todo,
  • hay cosas que se pueden contar de inmediato, otras que requieren el momento adecuado y algunas que son inefables.
  • mi primer amor, por quien habría hecho casi cualquier cosa.
  • le cogía la mano a Hartmut y se la rodeaba aprensivamente con las suyas, como si temiera que se le fuese a escapar, aparecer en el pasado y quedarse allí.
  • La mentira devora a las personas por dentro, suele repetir la abuela Traudel. Puede mantenerse oculta mucho tiempo, pero al final acaba saliendo a la luz,
  • «La oscuridad me borró silenciosa, / era una muerta sombra yo en el día; / entonces salí de la casa dichosa / hacia la noche dolorosa. / ... / ¡Tú eres en la profunda medianoche / alguien no acogido en suave seno / y nunca sido, al ser ajeno! / Eres en la profunda medianoche.»
  • Ya no soy la que era. Pero ¿ahora quién soy?
  • viviría con él mientras la cosa funcionara, y cuando ya no funcionara, me quedaría a pesar de todo.
  • Resultaba incomprensible que a sólo unos cientos de metros vivieran personas a quienes jamás podríamos conocer. ¡Si casi las veíamos! Y ellas a nosotros.
  • Me invade una dulce melancolía cuando el verano se aproxima al otoño y mi cumpleaños está al caer.
  • Podría decirse que las decisiones no existen, que nuestro cuerpo conoce su destino desde el principio.
  • la infancia, esa etapa de la vida en la que, según dicen todos, no existen las preocupaciones.
  • De pronto siento el impulso de contárselo todo, absolutamente todo. No me despreciará, lo sé. Es mi padre. Lo entenderá. Pero él sube al coche y se aleja a toda velocidad.
  • Fuera el mundo se renueva, pero aquí el tiempo se detiene.
  • Tengo miedo de haberme arruinado la vida para siempre: ¿qué me espera después de sentir algo así? Nunca he sido tan feliz.
  • Poco a poco empiezo a sentir algo diferente al dolor. Es el primer desengaño amoroso de mi vida. En algunos momentos creí morir. La expresión «corazón roto» no se me antojaba nada exagerada, sino absolutamente real.
  • Cierro los ojos y siento el sol en la piel. No se oye ningún ruido, aquí los pensamientos no se esfuman deprisa, se quedan prendidos en la calma del huerto.
  • me estrecha largamente entre sus brazos, con fuerza, y yo aspiro el olor acre de la mentira.
  • estas mentiras son horribles, pero la verdad también.
  • Johannes mira y mira, y tengo ganas de contárselo todo.
  • Caminando me siento libre como nunca antes.
  • El miedo de que nos descubran ha dado paso a la certeza de que la verdad no siempre sale a la luz. Y me pregunto cuántas cosas más se llevarán a cabo a escondidas sin que yo nunca llegue a saber nada de ellas.
  • Son muchas las cosas que nos separan y algunas las que tenemos en común, que son las que prefiero oír.
  • ese otro mundo tentador que le brindaban los libros.
  • Sin embargo, soy incapaz de decirle lo más importante.
  • Quizá en eso consista el amor verdadero, pues me acepta como soy.
  • ¿Y qué es lo que sucede? Nada. No hay estallidos ni fragor ni retumbar de truenos. Sencillamente la vida continúa, y sin embargo todo es distinto.
  • Comer, dormir, amar, leer, trabajar. No hay más. Y sin embargo lo es todo.
  • Me ha acogido como la ostra al grano de arena, me ha incorporado a ella e integrado en su organismo vetusto.
  • Amo a Henner. Eso es lo que no soy capaz de decirle.
  • —Johannes, tengo que hablar contigo, es importante.
  • Pienso a menudo en las palabras de Alexéi, el menor de los hermanos Karamázov, cuando decía que resucitaremos sin falta y nos veremos y nos contaremos unos a otros todo lo que nos haya sucedido.
    Todo.

2 comentarios:

  1. Pienso a menudo en las palabras de Alexéi, el menor de los hermanos Karamázov, cuando decía que resucitaremos sin falta y nos veremos y nos contaremos unos a otros todo lo que nos haya sucedido.

    Eso me ha conquistado. No sabes cuanto
    Besos

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  2. ¡HOLA! :D Pasaba para avisarte que te he nominado en los Liebster Awards ^^ Espero que puedas contestas a las preguntas, me haría mucha ilusión leer tus respuestas :3

    Un besito ^^

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