9 de enero de 2014

Un paseo para recordar

Titulo: Un paseo para recordar
Autor: Nicholas Sparks
Año: 1999 (2013)
Traducido por: Iolanda Rabascall

Editorial: Roca
Temática: Narrativa romántica adulta
Páginas: 192
ISBN: 978-84-9918-570-5

Sinopsis: Cada mes de abril, cuando el viento sopla desde el mar y se mezcla con el aroma de las lilas, Landon Carter recuerda su último año en el instituto Beaufort. Era 1958 y Landon ya había tenido una o dos novias. Juraba incluso, que ya se había enamorado. Desde luego, la última persona de la que se imaginó que lo haría era Jamie Sullivan, la hija del pastor baptista del pueblo. Jamie era una chica callada, que siempre llevaba la Biblia entre sus libros para el colegio, y que parecía contenta viviendo en un mundo aparte del resto de los adolescentes: cuidaba de su padre viudo, rescataba animales abandonados y era voluntaria en el orfanato. Ningún chico le había pedido una cita jamás. Landon nunca hubiera imaginado hacerlo. Sin embargo, un giro del destino hizo que Jamie se convirtiera en la pareja de Landon para el baile. Y desde ese momento, la vida del chico cambiaría para siempre. Estar con Jamie le enseñó las profundidades del corazón humano y le llevó a tomar una decisión asombrosa que marcaría el comienzo de su madurez.

  • EN 1958, Beaufort, situado en la costa cerca de Morehead City, en Carolina del Norte, era el típico pueblecito del sur de Estados Unidos.
  • si depositábamos nuestra confianza en el Señor, al final todo saldría bien. Era una lección que, con el paso del tiempo, acabé por aprender, aunque no fue Hegbert quien me la enseñó.
  • Con los años he aprendido que la vida nunca es justa.
  • aquel año Jamie Sullivan iba a ser el ángel.
  • A pesar de ser delgada, con el pelo rubio color miel y ojos azul claro, casi siempre ofrecía un aspecto... insulso, y que conste que lo digo por las pocas veces que me había fijado en ella.
  • creía que era importante ayudar al prójimo, y eso era exactamente lo que hacía
  • Jamie era la clase de chica que se pondría a arrancar malas hierbas de un jardín sin que se lo pidieran,
  • Creo que el designio del Señor era que yo lo encontrara e intentara salvarlo.
  • A pesar de todas esas peculiaridades, lo que más me sacaba de las casillas de ella era que siempre se mostrara tan abominablemente sonriente y feliz, sin importar lo que pasaba a su alrededor.
  • El mundo sería mucho mejor si hubiera más personas como ella.
  • Al verme me sonrió, obviamente encantada de que estuviera en la clase de teatro. Solo más tarde comprendí el motivo.
  • —Por supuesto que puedes ganar.
  • No quería ir solo: ¿qué pensarían los demás?
  • Así que ahí estaba yo, hojeando las páginas del primer curso en el instituto, cuando vi la foto de Jamie Sullivan.
  • Jamie ayudaba a todo el mundo; era una de esas santas que creía en la igualdad de oportunidades.
  • —¿Te gustaría ir al baile conmigo?
  • —Me encantaría —dijo al final—, pero con una condición.
    Erguí la espalda, esperando que no fuera a pedirme algo horroroso.
    —¿Qué condición?
    —Has de prometerme que no te enamorarás de mí.
  • La acompañé hasta la puerta y permanecimos unos momentos fuera, bajo la luz del porche. Jamie cruzó los brazos y sonrió levemente, encantada, como si acabara de regresar de un paseo nocturno en el que se hubiera dedicado a contemplar la belleza del mundo.
  • Jamie se giró hacia la pared, pero podía ver las lágrimas en sus ojos. Era la primera vez que la veía llorar. Creo que una parte de mí también quería llorar.
    —No te pido que lo hagas por mí —alegó con suavidad—. De verdad, y si dices que no, seguiré rezando por ti; te lo prometo. Pero si quieres hacer algo por un hombre bueno que significa tanto para mí... Por favor, ¿te lo pensarás?
  • Aquella era su palabra favorita: maravilloso.
  • —Deberías estar agradecido por ser tan afortunado.
  • —Lo conseguirás —me aseguró Jamie.
    —¿Cómo lo sabes?
    —Porque he rezado para que así sea.
  • —¿Te gusta o te entristece?
    —Ambas cosas.
  • Sus historias te parten el corazón, pero, cuando te ven llegar con libros de la biblioteca o con algún juego nuevo, sus sonrisas consiguen que toda la tristeza se desvanezca.
  • Lo creas o no, aquella fue la primera vez que reconocí que, en ciertos aspectos, Jamie era igual que el resto de nosotros.
  • —Solo quería hacer algo diferente para ellos este año, algo especial que pudieran recordar toda la vida.
  • —¿Os sentáis y os dedicáis a escuchar los ruidos que os rodean? O sea, el canto de los grillos, el susurro de las hojas cuando sopla el viento... ¿O simplemente os tumbáis a contemplar las estrellas?
  • Siempre la leía, especialmente en los momentos más duros de su vida.
  • —Lo siento —repetí. Cuando alguien te cuenta algo triste, es lo único que se te ocurre, aunque ya lo hayas dicho antes.
  • —Es una noche muy hermosa para pasear, ¿verdad?
  • Os ofrecería llevaros en coche, pero seguro que no resultaría ni la mitad de agradable que vuestro paseo bajo las estrellas, y por nada en el mundo permitiría que os perdierais esa bella experiencia.
  • —Quizá pueda ayudarte —ofreció Jamie.
    Lo dijo en un tono alegre, lo que me enervó aún más.
    —Lo dudo —refunfuñé.
    —Quizá si me cuentas lo que te pasa...
  • Incluso cuando acababa de comportarme de la forma más ruin posible, ladrándole con rencor, ella era capaz de hallar un motivo para darme las gracias.
  • Sonreía levemente, como si fuera la dueña de un secreto muy especial, tal y como sucedía en la obra.
    Parecía un ángel de verdad.
  • Jamie se inclinó hacia mí y colocó su mano sobre la mía. Era cálida y suave.
    La miré a los ojos, sin saber qué decir.
    Jamie me había regalado su Biblia.
    —Gracias por todo lo que has hecho —susurró—.
  • Cuando dijo que era un milagro, supongo que se refería específicamente a mí.
  • —¿Alguna vez piensas en Dios? —me preguntó al tiempo que se giraba hacia mí.
  • —¿Y alguna vez te has preguntado por qué las cosas son como son?
  • —Sé que el Señor tiene un propósito para cada uno de nosotros, pero a veces no consigo entender su mensaje. ¿A ti te pasa lo mismo?
  • —Bueno, no creo que su intención sea que siempre comprendamos su mensaje. Creo que a veces solo tenemos que tener fe —razoné.
  • No fue un beso muy largo, y desde luego no fue uno de esos de película, pero fue maravilloso a su manera. Lo único que recuerdo es que, cuando nuestros labios se rozaron, tuve la certeza de que jamás olvidaría aquel instante.
  • —Qué lugar más encantador —comentó.
    —Tú también eres encantadora —añadí.
  • Cuando la cantante entonó una lenta melodía, estreché a Jamie entre mis brazos y entorné los ojos, preguntándome si en mi vida había existido antes un momento tan perfecto, y sabía que no.
  • —Eres una persona maravillosa, Jamie; eres guapa, bondadosa, cariñosa..., eres todo lo que a mí me gustaría ser. Si no le gustas a la gente, o si creen que eres rara, entonces ese es su problema, no el tuyo.
  • —Te quiero, Jamie —declaré—. Eres lo mejor que me ha pasado en la vida.
  • —No puedes estar enamorado de mí, Landon —se lamentó, con los ojos rojos e hinchados—. Podemos ser amigos, si quieres; podemos seguir viéndonos..., pero no puedes amarme.
  • Al final pronunció unas palabras que empañaron mi alma:
    —Me estoy muriendo, Landon.
  • Cuando volvió a decírmelo, perdí el mundo de vista.
  • Empecé a rezar para que se obrara un milagro. En teoría, los milagros suceden, a veces.
  • —Si tú quieres que vaya, iré.
  • El 14 de febrero, el día de San Valentín, Jamie eligió un pasaje de los Corintios que significaba mucho para ella. Me dijo que, si alguna vez tenía la oportunidad, era el pasaje que quería que leyeran en su boda: El amor es paciente, es bondadoso.
    El amor no es envidioso, ni jactancioso, ni orgulloso. No se comporta con rudeza, no es egoísta, no se enoja fácilmente, no guarda rencor. El amor no se deleita en la maldad, sino que se regocija con la verdad. Todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.
  • El sol continuó descendiendo, lanzando sus destellos hasta tan lejos como alcanzaba la vista. Al final, lentamente, desapareció bajo las olas. La luna irisada continuó su pausado ascenso, mientras adoptaba un millar de matices amarillos, cada uno más pálido que el anterior, hasta finalmente abrazar el color de las estrellas.
    Jamie presenció el espectáculo en silencio, con mi brazo firme alrededor de su cintura, respirando con dificultad. El cielo se tornaba negro y las primeras luces titilantes empezaban a aparecer en la distante bóveda celeste. La abracé. Con suavidad, la besé en ambas mejillas y, después, finalmente, en los labios.
    —Lo que acabas de ver —dije— es el puro reflejo de lo que siento por ti.
  • Si algo me había enseñado Jamie a lo largo de aquellos meses era que las acciones —no los pensamientos ni las intenciones— eran la verdadera forma de juzgar a los demás,
  • Nuevamente emprendí la carrera, sin acusar el cansancio; mi objetivo me proporcionaba la fortaleza que necesitaba para seguir adelante.
  • Si hubiera sido posible, habría intercambiado mi vida por la de ella.
  • En aquel año, ella me había ayudado a convertirme en el hombre que soy. Con su mano firme, me mostró la importancia de ayudar al prójimo; con su paciencia y bondad, me enseñó el verdadero significado de la vida. Su valentía y optimismo, incluso en los momentos más graves de su enfermedad, fueron lo más sorprendente que jamás he visto.
  • Jamie no fue solo el ángel que salvó a Tom Thornton, sino que también fue el ángel que nos salvó a todos.
  • Recuerdo que en esos momentos pensé que aquel recorrido, aquel paseo hasta el altar, era el más difícil que nadie tendría que hacer jamás.
    En todos los sentidos, fue un paseo para recordar.
  • —No puedo entregar a Jamie, de la misma forma que no puedo entregar mi corazón. Pero lo que sí puedo hacer es dejar que otra persona comparta la alegría que ella siempre me ha dado.
  • Lo recuerdo como el momento más maravilloso de mi vida.
  • Respiro hondo, aspirando el fresco aire primaveral. A pesar de que Beaufort ha cambiado, como yo, el aire sigue siendo el mismo. Todavía es el aire de mi infancia y de mi juventud, el aire de mis diecisiete años; cuando espiro, vuelvo a tener cincuenta y siete años. Pero no importa. Sonrío serenamente, con la vista fija en el cielo, consciente de que aún hay una cosa que no te he contado: ahora creo que, a veces, los milagros suceden.

3 comentarios:

  1. Me gustó tanto el libro como la película :)

    Besoooooos ^^

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  2. Nicholas Sparks es mi autor favorito♥ he leido casi todos sus libros pero este no, no dudoen empezarlo pronto! Buena reseña!
    Te unes a mi blog? Lo comentas?
    Besitoss

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