4 de febrero de 2014

Cometas en el cielo

Titulo: Cometas en el cielo
Autor: Khaled Hosseini
Año: 2003 (2011)
Traducido por: Isabel Murillo Fort

Editorial: Salamandra
Temática: Ficción Moderna y Contemporánea
Páginas: 384
ISBN: 978-84-15470-15-1

Sinopsis: Sobre el telón de fondo de un Afganistán respetuoso de sus ricas tradiciones ancestrales, la vida en Kabul durante el invierno de 1975 se desarrolla con toda la intensidad, la pujanza y el colorido de una ciudad confiada en su futuro e ignorante de que se avecina uno de los períodos más cruentos que han pa- decido los milenarios pueblos que la habitan. Con apenas doce años, Amir se propone ganar la competición anual de cometas de la forma que sea, incluso a costa de su inseparable Hassan, un hazara de clase inferior que ha sido su sirviente y compañero de juegos desde la más tierna infancia. Así, empeñado en demostrarle a su padre que ya es todo un hombre, Amir pondrá en peligro una amistad fraguada a lo largo de años de enfrentarse a todos los peligros imaginables, y aprenderá una verdad que lo acompañará el resto de su vida. Ésta es la conmovedora historia de dos padres y dos hijos, de su amistad y de cómo la casualidad puede marcar un hito inesperado en nuestro destino. Una novela inolvidable, de la mano de uno de los autores más leídos en todo el mundo.

  • Me convertí en lo que hoy soy a los doce años. Era un frío y encapotado día de invierno de 1975. Recuerdo el momento exacto: estaba agazapado detrás de una pared de adobe desmoronada, observando a hurtadillas el callejón próximo al riachuelo helado.
  • lo que dicen del pasado, que es posible enterrarlo, no es cierto. Porque el pasado se abre paso a zarpazos.
  • Levanté la vista y vi un par de cometas rojas con largas colas azules que se elevaban hacia el cielo.
  • «Por ti lo haría mil veces más.»
  • Dicen que los ojos son las ventanas del alma. Pues bien, nunca esta afirmación fue tan cierta como en el caso de Alí, a quien únicamente se le podía ver a través de los ojos.
  • entre las personas que se habían criado del mismo pecho existían unos lazos de hermandad que ni el tiempo podía romper.
  • las miradas se volvían hacia él como girasoles hacia el sol.
  • Cuando mientes, le robas al otro el derecho a la verdad.
  • —Si existe un Dios, espero que tenga cosas más importantes que hacer que ocuparse de que yo beba whisky o coma cerdo.
  • —Los niños no son cuadernos para colorear. No los puedes pintar con tus colores favoritos.
  • Las muchas temporadas de nieve y lluvia habían oxidado la verja de hierro y desmoronado parte de los blancos muros de piedra del cementerio, en cuya entrada había un granado. Un día de verano, grabé en él nuestros nombres con un cuchillo de cocina de Alí: «Amir y Hassan, sultanes de Kabul.»
  • Pero a pesar de su analfabetismo, o tal vez debido a él, Hassan se sentía arrastrado por el misterio de las palabras, seducido por aquel mundo secreto que le estaba prohibido.
  • Para él, las palabras de las páginas no eran más que un amasijo de códigos, indescifrables y misteriosos. Las palabras eran puertas secretas y yo tenía las llaves de todas ellas.
  • «Es la mejor historia que me has leído en mucho tiempo»,
  • —Eres un príncipe, Hassan. Eres un príncipe y te quiero.
  • El cielo es azul, sin una nube. La nieve es tan blanca que me arden los ojos.
  • Las reglas eran sencillas: nada de reglas. Vuela tu cometa.
  • es mejor resultar herido por la verdad que consolarse con una mentira.
  • —En los sueños, Amir agha, puedes hacer cualquier cosa.
  • Caían del cielo como estrellas fugaces de colas brillantes y rizadas, lloviendo sobre los barrios y convirtiéndose en premios para los voladores de cometas, que vociferaban mientras se precipitaban por las calles.
  • En eso consistía volar cometas; en dejar que tu cabeza volara junto a ella.
  • la esperanza crecía en mi corazón como la nieve que se apila sobre un muro, copo tras copo.
  • Cuando llegué al mercado, el sol casi se había puesto por detrás de las montañas y la oscuridad había pintado el cielo de rosa y morado.
  • Por supuesto, es fácil ser inteligente con un arma cargada en la mano.
  • Antes de sacrificarte por él, piensa una cosa: ¿haría él lo mismo por ti?
  • Nos encontramos en un campo de hierba de color verde manzana con suaves jirones de nubes. Levanto la vista y veo el cielo limpio y lleno de cometas, verdes, amarillas, rojas, naranjas. Resplandecen a la luz del atardecer.
  • —Bajé la vista, cogí un puñado de tierra y lo dejé escapar entre los dedos—.
  • En los patios, las coladas colgadas en los tendederos bailaban como mariposas, animadas por la brisa del mar.
  • Éramos Homaira y yo contra el mundo. Y te lo digo, Amir jan: al final, siempre acaba ganando el mundo. Así son las cosas.
  • Entonces vi a Baba hacer algo que nunca le había visto hacer: lloró. Me asustó un poco ver sollozar a un hombre adulto. Se suponía que los padres no lloraban.
  • El cielo azul se mantenía allá a lo lejos y el sol era como un hierro candente que te abrasaba la nuca.
  • Besó la tierra, la depositó en la caja y guardó ésta en el bolsillo interior de la chaqueta, junto a su corazón.
  • Las manos se agitan y tiemblan. En algún lugar se ha roto una presa y el sudor frío te inunda, empapa tu cuerpo. Quieres gritar. Lo harías si pudieses. Pero para gritar necesitas respirar. Pánico.
  • —Piensa en algo bueno —me dijo Baba al oído—. En algo feliz.
    Algo bueno. Algo feliz. Dejé vagar la mente. Dejé que el recuerdo me invadiera:
  • Estamos Hassan y yo. La hierba nos llega hasta los tobillos. El carrete da vueltas en las manos callosas de Hassan. Nuestros ojos contemplan la cometa en el cielo.
  • Lo único que sabía era que el recuerdo estaba vivo en mí, un fragmento perfectamente encapsulado de un pasado bueno, una pincelada de color sobre el lienzo gris y árido en que se habían convertido nuestras vidas.
  • la gente necesita historias que la entretengan en los momentos difíciles como éste.
  • —Zendagi migzara —dijo—. La vida continúa.
  • Tal vez sea injusto, pero a veces lo que sucede en unos días, incluso en un único día, puede cambiar el curso de una vida, Amir.
  • Mi corazón saltaba al pensar en ella. Soraya Taheri. Mi princesa encontrada en un mercadillo.
  • —Las historias tristes producen buenos libros —comentó ella.
  • —Estoy muy contento de que hayas venido. Significa... el mundo entero para mí.
  • ¿cómo puedo yo, de entre todas las personas del mundo, castigar a alguien por su pasado?
  • mi hija, que es el noor de mis ojos.
  • Yo veía su sonrisa interior, ancha como los cielos de Kabul en las noches en que los álamos se estremecen y el sonido de los grillos inunda los jardines.
  • En la pared de detrás del escritorio había un cartel que rezaba: «La vida es un tren. Sube a bordo.»
  • Una forma de volver a ser bueno.
  • La verdad era «No». La mentira era «Sí». Me decidí por la solución intermedia.
    —No lo sé.
  • Un sonido que parte el corazón, Amir jan, las lamentaciones de una madre... Ruego a Alá que nunca tengas que oírlas.
  • —He caminado mucho y desde muy lejos para ver si eres tan bello en la realidad como lo eras en mis sueños. Y lo eres. Incluso más.
  • Siempre duele más tener y perder que no tener de entrada.
  • Sueño que las calles de Kabul volverán a adornarse con flores de lawla y que en las casas de samovar volverá a sonar la música del rubab, y que volarán cometas por el cielo. Y sueño que algún día regresarás a Kabul para visitar de nuevo la tierra de tu infancia. Si lo haces, encontrarás a un viejo y fiel amigo esperándote.
  • un muchacho que no es capaz de defenderse por sí mismo se convierte en un hombre que no sabe hacer frente a nada.
  • Salí al exterior. Permanecí bajo el brillo deslustrado de la media luna y alcé la vista hacia el cielo inundado de estrellas. Era noche cerrada y se oía el canto de los grillos y el viento que soplaba entre los árboles.
  • —«Las malas hierbas del desierto siguen con vida, pero la flor de primavera florece y se marchita.» Qué gracia, qué dignidad, qué tragedia.
  • «Tengo mucho miedo.» Y yo le pregunté: «¿Por qué?», y ella respondió: «Porque soy profundamente feliz, doctor Rasul. Una felicidad así asusta.» Le pregunté por qué y dijo: «Sólo te permiten ser así de feliz cuando están preparándose para llevarse algo de ti»,
  • Pero espero que prestes atención a lo siguiente: el hombre sin conciencia, sin bondad, no sufre.
  • Y en eso, creo, consiste la auténtica redención, Amir jan: en el sentimiento de culpa que desemboca en la bondad.
  • —¿Qué... qué te explicó sobre nosotros?
    —Que fuiste el mejor amigo que tuvo en su vida —contestó.
  • Cuando me desperté, la habitación estaba más oscura. El pedazo de cielo que asomaba entre las cortinas era del color púrpura que el crepúsculo presenta al anochecer.
  • —Mi padre decía que hacer daño a la gente está mal, aunque sea mala gente. Porque no saben hacerlo mejor y porque la mala gente a veces acaba siendo buena.
  • Levanté la cabeza y vi un halcón que trazaba círculos en el cielo infinito y despejado.
  • Quiero alejarme de este lugar, de esta realidad, izarme como una nube y desaparecer flotando, fundirme con esta húmeda noche de verano y disolverme en algún lugar lejano, por encima de las montañas.
  • Lo que querían saber era si había un final feliz.
    Si alguien me preguntara hoy si la historia de Hassan, Sohrab y yo tiene un final feliz, no sabría qué decir.
    ¿Lo sabe alguien?
    Al fin y al cabo la vida no es una película hindú. Zendagi migzara, dicen los afganos: la vida sigue, haciendo caso omiso al principio, al final, kamyab, nah-kam, crisis o catarsis; sigue adelante como una lenta y mugrienta caravana de kochis.
  • —Sigues siendo el sol de la mañana de mi yelda —le susurré.
  • el dolor recogería sus cosas, haría las maletas y se esfumaría sin decir nada en mitad de la noche.
  • Tranquilidad es paz, calma, bajar el «volumen» de la vida.
  • —¿Quieres que vuele esa cometa para ti?
    —Tragó saliva. La nuez se le levantó y descendió acto seguido. El viento le alborotaba el pelo. Creí verlo asentir—. Por ti lo haría mil veces más —me oí decir.
    Me volví y eché a correr.
    Fue sólo una sonrisa, nada más. No lo haría todo mejor. No haría nada mejor. Sólo era una sonrisa. Algo minúsculo. Una hoja en medio de un bosque, temblorosa como un pájaro asustado que emprende el vuelo.
    Pero la recibiría. Con los brazos abiertos. Porque cuando la primavera llega, la nieve se derrite copo a copo, y tal vez lo que acababa de presenciar fuera el primer copo de nieve que se derretía.
    Corrí. Era un hombre hecho y derecho corriendo junto a un enjambre de niños alborozados. Pero no me importó. Corrí con el viento en la cara y con una sonrisa en los labios tan ancha como el valle del Panjsher.
    Corrí.

8 comentarios:

  1. Es un libro precioso, a mi me costaría elegir frases y no ponerlo entero
    Besos

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  2. La verdad es que por las frases parece un libro precioso.
    Un beso.

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  3. aun sigo llorando jajajaja , que buen libro

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    1. Hace 8 años, leí el libro... hoy me encuentro con estas frases, e igual que tu, sigo llorando =)

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  4. ¡El mejor libro que leí en mi vida! ❤❤❤ (✿◠‿◠)

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  5. Precioso libro y lo recomiendo. Gracias a mi Maestro de la Normal donde estudio, he conocido COMETAS EN EL CIELO.

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  6. un libro espléndido que hace brotar los sentimientos del lector

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