24 de febrero de 2014

El increíble caso de Barnaby Brocket

Titulo: El increíble caso de Barnaby Brocket
Autor: John Boyne
Año: 2012 (2012)
Traducido por: Ana Mata Buil

Editorial: Nube de Tinta
Temática: Ficción Moderna y Contemporánea
Páginas: 256
ISBN: 978-84-15594-10-9

Sinopsis: Barnaby Brocket es un niño especial que pertenece a una familia demasiado normal; peor aún, tremendamente normal, aburridamente normal. Sus padres y sus hermanos son gente respetable y no les gusta nada llamar la atención; pero su mundo se pone patas arriba el día en que nace Barnaby. Su madre se da cuenta de que algo va mal en cuanto empieza a notar los dolores de parto, extrañamente intensos, aunque lo peor está por llegar: ¡su bebé sale disparado y se queda flotando en el techo de la habitación! Después de pasar por médicos y más médicos, el diagnóstico es concluyente: Barnaby no obedece a las leyes de la gravedad y su estado natural es flotar. Sus padres, desesperados, no saben qué hacer con él y de nada sirven las súplicas del niño, que asegura que quiere quedarse en el suelo, pero no puede. Al final, solo queda una solución: dejar que se vaya volando...

  • Esta es la historia de Barnaby Brocket y, para entender a Barnaby, primero hay que entender a sus padres, dos personas que tenían tanto miedo de todo aquel que era diferente que acabaron provocando una desgracia que tendría unas consecuencias desastrosas para todos sus seres queridos.
  • ¡Imagínense qué horror si viviéramos eternamente! El planeta se hundiría con tanto exceso de carga.
  • —Es lo más extraordinario que he visto en mi vida
  • En esas ocasiones, Capitán W. E. Johns se sentaba en el suelo y miraba al niño suspendido en el aire, a la espera de órdenes;
  • sabía que si iba con su hijo se convertiría, muy a su pesar, justo en el tipo de persona que siempre había despreciado: alguien diferente.
  • Simplemente soy así.
  • —¿Siempre has flotado?
    —Desde que nací.
    —¡Jo, qué suerte! —exclamó Liam McGonagall, y no hizo falta más para que se hicieran amigos.
  • habían perdido el contacto, como ocurre a veces, incluso con los mejores amigos.
  • era una de esas personas tan poco corrientes que valoraban la diferencia en lugar de temerla.
  • No importa lo que piense el resto de la gente.
  • ese muchacho tenía un corazón de oro y no le daba miedo demostrarlo.
  • De aquí es de donde procedemos todos. —Perdió la mirada en el mar y respiró profundamente, como si hubiera recuerdos de vidas y épocas pasadas mezclados con los aromas que flotaban desde el distante océano Pacífico—.
  • ¿Sabes una cosa? Es posible ser arrojado a un mundo desconocido y encontrar allí la felicidad. Tal vez incluso una felicidad mayor que la que has conocido hasta ese momento.
  • Ahí fuera hay un mundo maravilloso. Puedes ser como uno de esos primeros colonos. Encontrarás la felicidad en algún sitio, estoy segura de que sí.
  • solo porque tu versión de lo que es normal no coincida con la versión de otra persona, no significa que te pase algo malo.
  • —Además, ¿quién quiere ser normal? —exclamó Ethel, y extendió los brazos en el aire—. Desde luego, yo no.
  • Los ojos de Barnaby la siguieron, y se percató de una extraña punzada en el estómago que no había experimentado antes. Por primera vez en su vida, se sentía como si flotara hasta el techo a pesar de que tenía los pies firmes en el suelo.
  • Lo que ocurre es que su idea de «normal» es diferente de la idea de «normal» que tienen otras personas.
  • No había leído nada en toda la semana y le preocupaba que su imaginación fuera a apagarse para siempre.
  • de las cenizas, crecían las rosas del éxito.
  • me echó de casa y me dejó en la calle sin un penique en el bolsillo. ¿Y por qué? Pues porque era un poco distinto de como él quería que fuese.
  • ¿era normal hacer lo que había hecho?
  • Aunque hubo una vez en que subí al Puente de la Bahía de Sidney con mis compañeros de clase y nos ataron a todos a la estructura en una fila larga, y por primera vez en mi vida fui igual que todos los demás.
  • Empezaba a darse cuenta de lo maleducadas que podían ser algunas personas cuando se topaban con alguien de aspecto un poco distinto.
  • Allí empecé una nueva vida con personas que veían quién era yo por dentro, en lugar de fijarse en la criatura quemada que era por fuera.
  • —Algunas veces la vida tiene golpes de suerte —respondió Charles, y miró por la ventanilla mientras sonreía al recuperar ese recuerdo feliz, más potente que los recuerdos tristes—.
  • Me temo que es un vuelo largo, pero por lo menos sabes que vas de camino a casa.
  • —Tengo una tía que vive en Melbourne —dijo Wilson—. Aunque nunca he estado allí. ¿Es verdad que el agua sale del lavabo del revés?
    —Depende de lo que consideres que es «el derecho», supongo —contestó Barnaby.
  • —A mí siempre me gustó que flotara. Nunca se me ocurrió que eso lo hiciera diferente; pensaba que lo hacía especial.
  • Por lo que hemos visto mis amigos y yo, parece que te cuesta mucho mantener los pies en el suelo. Tienes problemas con la gravedad...
  • Por favor, no me mires así —añadió con voz triste.
  • Seguro que se lo agradeció a las estrellas, que le sonrieron en el momento en que te vio flotando por el cielo.
  • «Si no hago algo por mí mismo ahora, no lo haré nunca».
  • «¿Qué es normal?»
  • —Por las campanas del infierno, hijo, por lo menos lo has intentado —contestó el anciano.
  • Conque aquí estamos, Barnaby, esta es la última cosa de mi lista. Una noche de acampada libre bajo las estrellas.
  • Levantó la mirada hacia la claraboya y contempló el cielo azul pálido del atardecer, las nubes tenues que flotaban en él, los pájaros que se dirigían hacia donde se supone que se dirigen los pájaros, y acarició a Capitán W. E. Johns, que estaba tumbado, hecho un ovillo, encima de su regazo.
  • Y fue entonces cuando se dio cuenta de que le gustaba ser diferente. A fin de cuentas, era así como había nacido. Era quien se suponía que tenía que ser. No podía permitir que lo cambiaran.
  • El cielo nocturno es un lugar mágico.
  • Y también habría visto (si hubiera mirado con mucha atención) a un chico de ocho años que se elevaba entre las nubes, con un perrillo fiel de orígenes y raza indefinidos agarrado con fuerza a sus piernas, y desaparecía en la oscuridad de una plácida noche australiana, quién sabe en qué dirección, ignorando cuándo sus pies volverían a tocar el suelo.
    Un chico que estaba preparado para conocer a gente nueva.
    Un chico que quería vivir aventuras nuevas.
    Y lo principal, un chico que estaba orgulloso de ser diferente.

4 comentarios:

  1. "A mí siempre me gustó que flotara. Nunca se me ocurrió que eso lo hiciera diferente; pensaba que lo hacía especial."
    Que bonito, hace tiempo quiero leer este libro, se ve muy peculiar <3
    Besos!

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  2. Pues me parece un argumento curiosísimo, si me frena algo es el autor que no me termina de convencer
    Besos

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  3. Qué frases tan bonitas^^
    ¡Un beso!

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  4. Me parece muy interesante, pero no creo que me anime a leerlo.
    Gracias!
    Besos!

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