29 de abril de 2014

El parque prohibido

Titulo: El parque prohibido
Autor: Andrés Ibáñez Segura
Año: 2005 (2013)

Editorial: Nube de Tinta
Temática: Ficción Moderna y Contemporánea
Páginas: 320
ISBN: 978-84-15594-21-5

Sinopsis: Frido y cuatro niños más entran en el parque prohibido para buscar el árbol que concede tres deseos y la inmortalidad. En el centro de la ciudad hay un enorme parque que lleva cerrado desde hace muchos años, celosamente vigilado por el ejército para que nadie cruce sus verjas y se adentre en él. ¿Qué es eso tan terrible que hay dentro del Parque Prohibido? Frido, el protagonista, pronto descubre que su familia tiene un vínculo especial con este lugar misterioso: su padre perteneció al gremio secreto de los acechadores, cuya misión era entrar en el Parque para llevar a ciertas personas, bajo ciertas circunstancias, a un lugar que hay en su interior. El amor de un hijo por su padre es el centro de esta intensa y emocionante narración de aventuras llena de humor y misterio. ¿Qué significa el fracaso? ¿Qué significa querer a alguien? ¿Se debe vivir obedeciendo siempre las reglas? ¿Qué son los deseos? ¿Qué son los sueños? ¿Cómo se debe vivir? Un grupo de amigos se adentra en lo desconocido para intentar desvelar un misterio y también para encontrar la respuesta a algunas de esas preguntas.

  • Había una vez una ciudad llamada Fléroe, situada al norte de un verde y montañoso país llamado Aquitania. En el centro de la ciudad había un parque llamado «Parque de las Lilas», que estaba cerrado desde hacía muchos años.
  • Los monstruos no existen. Solo existen en los cuentos.
  • En cierto modo era bueno para la ciudad que el parque fuera un misterio, un misterio rodeado de un halo siniestro y romántico, uno de esos misterios que dan miedo cuando se habla de ellos por la noche y a la luz del fuego,
  • ¿Sabéis cómo son las escaleras mecánicas del metro? Pues en Lankapur las usamos para subir a las nubes.
  • Al otro lado de la ventana había un gran árbol, un tilo lleno de flores, y contemplar todos los colores del tilo, el blanco de las flores y el verde tierno de las hojas, le tranquilizaba y le hacía sentirse mejor.
  • tenía la sensación de entrar en un mundo mágico donde no existía el tiempo.
  • un bosque de libros, de cuentos y de sueños.
  • los que perseveran llegan hasta el fin del mundo.
  • —Estoy donde siempre he estado —le dijo el Buda—, en el loto de tu corazón, porque yo soy tu corazón y siempre he estado dentro de ti.
  • —Nadie tiene donde ir —dijo el Buda—. Sin embargo, mientras dura la vida, dura el camino. Mira, hay dos razones para caminar. Unos caminan por el mundo buscando algo. Otros caminan por el mundo porque ya han encontrado lo que buscaban, pero quieren seguir contemplando la belleza de las montañas y los cerezos en flor.
  • Todos los hombres y mujeres de este mundo buscan, sin saberlo, ese árbol mágico del que un día todos comían con liberalidad. Lo buscan sin encontrarlo, porque todos tienen cosas de las que no desean desprenderse. Pero tú, que no tienes nada más que a ti mismo, tú podrías encontrarlo.
  • Leer es como viajar a otros lugares y como vivir otras vidas.
  • —El bodhi tree —dijo su padre suspirando profundamente—, significa «El árbol de la iluminación». Así le llaman al árbol Bo.
    —Hugo, no le hables de eso al niño —dijo la madre de Fridolín, que parecía muy nerviosa—. ¡Déjale en paz!
    —Es el árbol que concede los deseos —continuó su padre—. El árbol de las manzanas de oro que dan la inmortalidad.
  • Los exploradores de árboles. Los que saben encontrar el camino...
  • Hizo muchos viajes al árbol de los deseos y jamás pidió nada. ¿Te puedes imaginar lo difícil que es eso?
  • Lo importante es que uno tiene que ser libre para elegir lo que más le gusta. No hacer las cosas para ser igual que otro...
  • Le dijo a Fridolín que ella no se creía esa historia del árbol mágico, que eso era una tontería y que era mentira seguro, pero que lo de colarse en el parque prohibido le parecía una idea fantástica.
  • ¿te has pensado que te iba a dejar solo? ¡Yo me voy contigo!
  • la música, como es bien sabido, disipa el miedo y calma el corazón.
  • —¡Que no es una linterna! —chilló Rani muerta de risa—. ¡Es la luna!
  • se pusieron a dar saltos y cabriolas a la luz de la luna, felices de estar de nuevo al aire libre, bajo la luz de las estrellas,
  • Quedaron en silencio, contemplando las aguas. En la superficie plateada se reflejaban el cielo y los árboles.
  • es el Espíritu del Bosque... El ciervo con rostro humano
  • cuentas hasta diez, respiras profundamente, sacas pecho y sigues adelante,
  • Ahora había cada vez más nubes, y el viento las movía rápidamente en el cielo. Era como una mano grisácea que avanzara por el cielo.
  • —Tenemos que estar juntos —dijo Fridolín—. Cuidar los unos de los otros, apoyarnos los unos a los otros... Si nos peleamos, si cada uno quiere imponer su voluntad, nos perderemos para siempre, y jamás encontraremos el árbol de los deseos.
  • El cielo se llenó de estrellas y poco después salió la luna.
  • La luz de la luna iluminaba muy débilmente los corredores. Las luciérnagas brillaban en el aire, aquí y allá.
  • Así llegó a una glorieta circular por la que no habían pasado antes, y en cuyo centro había un aljibe lleno de agua. En el agua negra se reflejaba nítidamente la luna. Varias ranas que cantaban en la oscuridad se lanzaron al agua cuando él se acercó, enturbiando la claridad del reflejo.
  • Mira, chico, las cosas pueden vivirse de dos maneras, literalmente y simbólicamente. ¿Lo entiendes?
    —No —dijo Fridolín.
    —Quiere decir que la vida de la imaginación es tan real como la vida externa —dijo la serpiente en su interior—. La mitad de lo que vives, lo vives en la imaginación.
    —Pero la imaginación es mentira —dijo Fridolín—. Y esto es un sueño, ¿verdad?
    —A lo mejor es un sueño —dijo la serpiente en su interior—. Pero los sueños no son mentira. Lo que sueñas y lo que deseas no son mentiras: son la sustancia de tu alma. Es todo lo que podrías ser, tanto lo bueno como lo malo.
  • Seguían todos despiertos, todos alrededor de Amapola, que estaba muy pálida y con los ojos cerrados, como si estuviera muerta. Y Fridolín se arrodilló en el suelo al lado de ella y la besó en los labios. Durante unos instantes nada sucedió, luego Amapola abrió los ojos lentamente y le sonrió.
  • —El monstruo no existe, Roto —dijo Fridolín—. Es lo mismo que este río, que ha aparecido para salvarnos de los soldados. Son todo creaciones de nuestros pensamientos.
  • —¿Qué pasa? —preguntó.
    Por espacio de un instante Fridolín dudó. Vamos, bésala, se dijo a sí mismo.
    —¿Tengo algo? —dijo Amapola.
    —Un mosquito —dijo Fridolín espantándole un imaginario mosquito de la cara.
    Sucio cobarde, se dijo mientras volvía a su sitio. ¡Estúpido cobarde!
    —Buenas noches, Frido —dijo Amapola haciéndose un ovillo en el suelo al lado del fuego.
    —Buenas noches —dijo Fridolín.
    Y se quedó todavía un largo rato mirando como ardía el fuego y escuchando los silbidos de la madera húmeda al quemarse.
  • —He luchado contra un león y le he vencido —dijo Abbás—. Entonces, si he podido hacer eso... podría hacer cualquier cosa, ¿no os parece?
  • Sentía la lluvia como un llanto muy suave, como si todo el mundo estuviera llorando.
  • —Soy Miedo —repitió la cabeza—. Surjo cuando hay discusiones, cuando os enfrentáis unos con otros.
    —Entonces ¿por qué no me das ningún miedo? —dijo Fridolín—. Fíjate, más que miedo casi me das hasta risa.
    La gran cabeza sonrió.
    —Eso es lo que les pasa a todos cuando ven a Miedo directamente —dijo—. Se dan cuenta de que no hay nada que temer.
  • De pronto sintió que se caía, como sucede a veces en los sueños, que uno parece perder pie y como deslizarse entre dos nubes.
  • Quería mirarla a los ojos y ver si todo aquello que le había mostrado la ángela era realidad o solo una especie de sueño. Y cuando se puso a mirar los ojos de Amapola se dio cuenta de que allí, en la luz de aquellos ojos castaños, estaba todo lo que había visto en los ojos de la ángela: inteligencia, conciencia, compasión, amor.
    —¿Por qué me miras? —preguntó Amapola.
    Entonces Fridolín se inclinó hacia ella y la besó en los labios. Y en aquella ocasión no necesitó valor, ni tuvo que convencerse a sí mismo, ni le costó ningún esfuerzo, porque de pronto hacer aquello era lo más natural.
  • —No merece la pena que malgastes un deseo para pedir eso —dijo Amapola.
    —¿Por qué no? —preguntó Fridolín.
    Amapola se acercó a Fridolín y le dijo al oído:
    —Porque yo voy a pedir lo mismo.
  • Solo tenemos una vida, Frido, y no podemos permitirnos el lujo de malgastarla, ¿no te parece? Uno tiene que vivir haciendo cosas que le llenen y que le ilusionen, no cosas que llenen y que ilusionen a su jefe, ¿no te parece?
  • aquel león de enormes colmillos está en todas partes, acechándonos detrás de cualquier esquina, solo que tiene distintas formas, distintas apariencias.
  • —En realidad no fue la tercera cosa —dijo Hugo—. Fue la primera cosa que pedí.
    —Entonces ¿Freda y yo hemos nacido gracias al árbol?
    Su padre asintió con la cabeza, y Fridolín le abrazó. Y siguieron abrazados un largo rato.

1 comentario:

  1. No había leído nada de Nube de tinta pero me esta encantando esta editorial :3 Este libro también me llama la atención, así que lo apunto a mi wishlist :D Un besin y me quedo por aquí :)

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