31 de mayo de 2014

Alas para un corazón

Titulo: Alas para un corazón
Autor: David Almond
Año: 1998 (2013)
Traducido por: Verónica Canales Medina

Editorial: Nube de Tinta
Temática: Ficción Moderna y Contemporánea
Páginas: 208
ISBN: 978-84-15594-16-1

Sinopsis: Michael no está de muy buen humor últimamente, se acaban de cambiar de casa y, de momento, no le gusta nada. Además, sus padres andan muy nerviosos porque su hermanita, que acaba de nacer, tiene que ingresar en el hospital aquejada de una grave enfermedad en su corazón. Por eso, Michael tiene mucho tiempo para investigar y es en el destartalado garaje donde encuentra a un extraño personaje, sucio y muy enfermo, que se alimenta de insectos. Afortunadamente, podrá compartir este secreto con Mina, su nueva vecina, una niña inquieta y muy despierta, que le descubrirá al poeta William Blake y le enseñará a ver la vida con otros ojos. Los dos alimentarán a su nuevo amigo, le conseguirán la comida china que tanto le gusta y la cerveza negra, pero también las pastillas para tratar su avanzada artritis. Entre los tres se establece una sólida amistad, una amistad que los une con unos lazos poco comunes... Al final, descubrirán cuál es la verdadera identidad de su misterioso amigo y, sobre todo, por qué está con ellos. Mientras, la hermanita de Michael se debate entre la vida y la muerte...

  • Lo encontré en el garaje una tarde de domingo.
  • con solo mirar, nadie puede adivinar qué están pensando los demás o qué está ocurriendo en sus vidas.
  • Me pasé el día pensando si contar a alguien lo que había visto, pero no se lo conté a nadie. Me convencí a mí mismo de que había sido un sueño. Tenía que ser un sueño.
  • —El dibujo te hace mirar el mundo con más detalle. Te ayuda a ver lo que estás observando con más claridad. ¿Lo sabías?
  • —Dicen que los omóplatos era donde antes tenías las alas, cuando eras un ángel —dijo—. Dicen que, algún día, volverán a salirte en ese mismo sitio.
  • —Pero eso es solo un cuento —repliqué—. Un cuento chino para niños, ¿no?
    —¿Quién sabe? A lo mejor, algún día, todos volvemos a tener alas.
    —¿Crees que la niña tenía alas?
    —Oh, estoy segura de que ella sí tenía alas. Basta con mirarla. Algunas veces creo que todavía no ha dejado del todo el cielo y que nunca llegará a quedarse en la tierra.
  • Mina me tomó de la mano.
    —No te detengas —me dijo, y tiró de mí hacia delante.
  • La mente necesita estar abierta al mundo, no estar cerrada a cal y canto en una clase aburrida y triste.
  • Estoy dibujando, pintando, leyendo, observando. Estoy sintiendo el sol y el aire en la piel. Estoy escuchando el trino del mirlo. Estoy abriendo mi mente.
  • —¿Qué estás haciendo? —me preguntó entre susurros.
    —Asegurarme de que el mundo sigue ahí de verdad —respondí.
  • Seguir moviéndose, ese es el secreto.
  • Pensé en sus alas y en el corazón de latidos de mariposa de la niña.
  • —¿Lo ves? ¿Entiendes lo que quiero decir? No saben nada sobre mí y me odian.
  • Miré a la oscuridad de la noche. La luna reinaba sobre la ciudad, era como una enorme bola naranja sobre las siluetas de campanarios y chimeneas amontonadas en los tejados. El cielo se veía azul a su alrededor, de un azul más oscuro cuanto más alto se miraba a la bóveda celeste, donde solo se veían las estrellas más brillantes.
  • —Me encanta la noche —comentó Mina—. Todo parece posible de noche, cuando el resto del mundo se ha ido a dormir.
  • Por dentro, somos todos iguales, sin importar lo horribles que parezcamos por fuera.
  • —Todavía somos como polluelos —continuó Mina—. Felices la mitad del tiempo y la otra mitad asustados.
  • —Tú sigue teniendo fe —me pidió—. Y todo saldrá bien.
  • la primavera hacía que todo cobrara vida después de meses de muerte aparente.
  • El planeta se tornaba más luminoso y vigoroso para poder darle nuevamente la bienvenida. Empezaba a llenarse de calor y de luz. Los animales se atrevían a despertar, se atrevían a tener a sus crías. Las plantas se atrevían a echar sus brotes y sus hojas nuevas. La vida se atrevía a volver.
  • —Mirad cuánta vida hay aquí. Cada pepita podría convertirse en un árbol, y cada árbol daría otro centenar de frutos, y cada fruto daría otro centenar de árboles. Y así hasta el infinito.
  • —Tu hermana tiene un corazón de fuego —dijo—. Es una pequeña luchadora. No se rendirá.
  • Nos sentamos en el suelo con la espalda apoyada contra la pared y nos quedamos mirando hacia la infinitud de las estrellas.
  • —Podría dormir aquí —aseguró ella—. Así, tal cual. Y sería feliz para siempre.
  • —Ella destella vida. Tiene el corazón de fuego. Fue ella quien me dio fuerzas a mí.
  • Entonces vimos la silueta de un corazón tallada en los tablones de madera de debajo de la ventana arqueada. Justo en la parte exterior del corazón decía: gracias, s., y en el interior había tres pequeñas plumas blancas.
  • La observé mientras se alejaba bajo la luz del ocaso. Susurro apareció al otro lado de la calle y fue a reunirse con ella. Cuando Mina se agachó para acariciar al gato, estuve seguro de poder ver sus alas transparentes en la espalda. Cuando regresé a la cocina, volvían a hablar del nombre de la niña.
    —Perséfone —dije.
    —Esa palabreja impronunciable no, otra vez, no —contestó mi padre.
    Pensamos un poco más y, al final, la llamamos sencillamente Luz.

4 comentarios:

  1. Ayer estuve a punto de comprar este libro, pero no me atreví porque no he leído muchas reseñas. Me ha gustado este fragmento, así que puede que al final me haga con él cuando lo vea.
    Besos!

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  2. La verdad es que le tengo mucha curiosidad, aunque he leído alguna que otra reseña que decía que era muy flojito -.- Así que no se si me animaré :) Un besin!

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  3. Aún no he leído este libro, pero espero hacerme con él pronto porque me suelen gustar todos los libros de esta editorial.

    Un beso!

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  4. No lo he leído, gracias por las citas :P

    Besooooooos =)

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