27 de mayo de 2014

Veinte mil leguas de viaje submarino

Titulo: Veinte mil leguas de viaje submarino
Autor: Jules Verne
Año: 1870 (2013)
Traducido por: Íñigo Jáuregui

Editorial: Nórdica Libros
Temática: Ciencia ficción clásica
Páginas: 408
ISBN: 978-84-92683-44-4

Sinopsis: Veinte mil leguas de viaje submarino es una obra narrada en primera persona por el profesor francés Pierre Aronnax, notable biólogo, que es hecho prisionero por el Capitán Nemo y es conducido por los océanos a bordo del submarino Nautilus, en compañía de su criado Conseil y del arponero canadiense Ned Land. Esta edición, que cuenta con una nueva traducción, será una de las obras gráficas más importantes del año. Agustín Comotto ha realizado más de 50 ilustraciones para este libro en un proceso que le ha ocupado dos años de trabajo. Un edición imprescindible de un clásico imprescindible para lectores de todas las edades.

  • El año de 1866 quedó marcado por un acontecimiento extraño, un fenómeno inexplicado e inexplicable que seguramente nadie haya olvidado.
  • A falta de una imagen, volvieron a aparecer en los diarios todos los seres imaginarios y gigantescos, desde la ballena blanca, la terrible «Moby Dick» de las regiones hiperbóreas, hasta el descomunal kraken, cuyos tentáculos pueden enlazar un buque de quinientas toneladas y arrastrarlo a los abismos del océano.
  • —Piénsatelo bien, pues no quiero ocultarte nada. Es uno de esos viajes de los que no siempre se regresa.
  • Su barco y él eran uno, y él era el alma.
  • Y es que nos convertimos en viejos amigos, unidos por esa amistad inalterable que nace y se cimenta en las situaciones más aterradoras.
  • ¡Solo pido vivir cien años más para acordarme de ti por más tiempo!
  • A veces el sombrío océano brillaba por efecto de un rayo lanzado por la luna entre dos nubes. Luego, todo rastro de luz se desvanecía en las tinieblas.
  • Frágil posibilidad, pero ¡la esperanza está tan fuertemente arraigada en el corazón humano...!
  • —Señores, hablo igual francés que inglés, alemán y latín. Podría haberles contestado en nuestra primera entrevista, pero primero quería conocerlos para luego poder reflexionar.
  • Esta no sería la menor entre las sorpresas que me reservaba el porvenir.
  • Usted ha llegado tan lejos como le permite la ciencia terrestre. Pero ni sabe ni lo ha visto todo. Así que déjeme decirle, profesor, que no lamentará el tiempo que pase aquí. Viajará al país de las maravillas.
  • —Usted ama el mar, capitán.
    —Sí, lo amo. El mar lo es todo. Cubre siete décimas partes del globo terrestre. Su aliento es puro y sano. Es el inmenso desierto en el que el hombre nunca está solo, pues siente latir la vida a su alrededor. El mar es el vehículo de una existencia prodigiosa y sobrenatural. Es movimiento y amor, es el infinito hecho vida, como dijo uno de sus poetas.
  • El mar es la gran reserva de la naturaleza. El mundo, por así decirlo, comenzó en el mar, y quién sabe si no terminará en él. En él está la tranquilidad suprema. El mar no pertenece a los déspotas. En su superficie, aún pueden ejercer sus inicuos derechos, pelearse, devorarse y transportar todos los horrores terrestres, pero a treinta pies de profundidad, su poder cesa, su influencia se extingue y su imperio desaparece. ¡Ah, señor, viva usted en el seno de los mares! ¡Solo ahí existe la independencia! ¡Ahí no reconozco señor alguno! ¡Allí soy libre!
  • ha descubierto lo que los hombres seguramente descubran algún día,
  • El mar era perfectamente visible en un radio de una milla alrededor del Nautilus. ¡Qué espectáculo! ¿Qué pluma podría describirlo?
  • El astro radiante asomaba por Oriente y el mar se encendió bajo su mirada como un reguero de pólvora.
  • ¿Cómo describir las impresiones que me dejó aquel paseo bajo las aguas? Las palabras no alcanzan a contar tales maravillas. Cuando incluso el pincel es incapaz de reflejar los efectos particulares del agua, ¿cómo reproducirlos con la pluma?
  • Los rayos del sol caían sobre la superficie del mar en un ángulo bastante oblicuo y, al contacto de su luz descompuesta por la refracción, como a través de un prisma, las flores, rocas, plantas, conchas y pólipos se teñían en sus bordes de los siete colores del espectro solar. La mezcla de tonos y colores era maravillosa, una fiesta para los sentidos, un verdadero caleidoscopio de verde, amarillo, naranja, violeta, añil, azul..., en fin, toda la paleta de un colorista empedernido.
  • La magia de los colores fue poco a poco desapareciendo y los tonos de esmeralda y zafiro se borraron de nuestro firmamento.
  • —Mire el océano, profesor. ¿No está dotado de vida real? ¿No tiene sus arrebatos de cólera y de ternura?
  • —El mundo no precisa de nuevos continentes, sino de hombres nuevos.
  • La última maravilla siempre es la más sorprendente, y si esta progresión se mantiene no sé en qué parará todo esto.
  • —¡Salvajes! —respondió, irónico, el capitán Nemo—. ¿Y se extraña, profesor, de encontrar salvajes si pone el pie en tierra? ¿Dónde no los hay? Y los que usted llama salvajes, ¿son acaso peores que los otros?
  • Es un mundo aparte.
  • El Nautilus flotaba en medio de una capa fosforescente, que en esa oscuridad se tornaba deslumbrante. Estaba producida por un sinfín de animálculos luminosos cuyo brillo aumentaba al deslizarse sobre el casco metálico del barco. Percibí destellos en medio de esas aguas luminosas, como ríos de plomo fundido en un horno o masas metálicas incandescentes, de suerte que, por contraste, algunas zonas luminosas se hallaban en sombra en ese medio ígneo del que la oscuridad parecía desterrada.
  • «Quizá sea allí donde la vida se sacude oscuramente su sueño de piedra, sin desprenderse aún de ese tosco punto de partida».
  • Me gustaría haber visto lo que ningún hombre ha visto aún, aunque tuviera que pagar con mi vida esta insaciable necesidad de saber.
  • Alrededor de medianoche, el mar recobró súbitamente su tono habitual, pero detrás de nosotros y hasta los confines del horizonte, el cielo, al reflejar la blancura de las olas, pareció largo tiempo impregnado de los vagos destellos de una aurora boreal.
  • —Señor, ¿qué es una perla?
    —Amigo Ned, para el poeta, la perla es una lágrima del mar;
  • —Si el señor se enfrenta con los tiburones, no veo por qué su fiel criado no habría de acompañarle.
  • la fuerza creadora de la naturaleza supera al instinto destructivo del hombre.
  • Han hecho falta siglos para descubrir la potencia mecánica del vapor. Quién sabe si dentro de cien años veremos un segundo Nautilus. Los progresos son lentos, señor Aronnax.
  • no puede haber secretos entre personas que nunca han de separarse.
  • —¿Dónde? No lo sé. ¿Cuándo? No sabría decirlo. Supongo que se acabará cuando los mares no tengan más que enseñarnos. En este mundo, todo lo que empieza acaba.
  • Habla usted en futuro: «Estaremos aquí... estaremos allá...», pero yo hablo en presente: «Estamos aquí y hay que aprovecharlo».
  • Sé bien que mi relato de aquella excursión submarina no podrá ser verosímil. Soy el historiador de cosas aparentemente imposibles y que sin embargo son reales, incontestables. ¡No las he soñado, las he visto y sentido!
  • permitía entrever algunas vivaces constelaciones a través de las aguas cristalinas, en concreto cinco o seis de las estrellas zodiacales que se arrastran a la cola de Orión.
  • El perfume es el alma de la flor,
  • Soñaba —los sueños no se eligen— que mi existencia se reducía a la vida vegetativa de un simple molusco.
  • Eran, o bien dactilópteros, o bien triglas milano de boca luminosa que, por la noche, tras haber trazado rayas de luz en la atmósfera, se sumergían en las aguas oscuras como estrellas fugaces.
  • Allí donde otros han fracasado yo no fracasaré. Nunca he llevado mi Nautilus tan lejos por los mares australes, pero, se lo repito, irá aún más lejos.
  • ni la más bella mirada de mujer podía superar,
  • —¡Adiós, sol! ¡Desaparece, astro radiante! ¡Duerme bajo este mar libre y deja que una noche de seis meses extienda sus sombras sobre mi nuevo dominio!
  • La luna pasaba por el meridiano y Júpiter se elevaba al este. En medio de esa apacible naturaleza, el cielo y el océano rivalizaban en tranquilidad y el mar ofrecía al astro nocturno el espejo más hermoso que nunca hubiera reflejado su imagen.
  • Una atracción irresistible me mantenía pegado al cristal.
  • ¿Me creerá alguien? No lo sé. Poco importa, después de todo. Lo que puedo afirmar ahora es mi derecho a hablar de los mares en los que, en menos de diez meses, he recorrido veinte mil leguas, de esta vuelta al mundo submarina que me ha revelado tantas maravillas a través del Pacífico, el océano Índico, el mar Rojo, el Mediterráneo, el Atlántico, los mares australes y boreales.
  • Por eso, a la pregunta formulada hace seis mil años por el Eclesiastés: «¿Quién ha podido sondear jamás las profundidades del abismo?», solo dos entre todos los hombres tienen derecho a responder ahora. El capitán Nemo y yo.

9 comentarios:

  1. Un clasico donde los haya.

    Saludos

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  2. Esta es de mis historias favoritas en la infancia. Y la edición que has puesto es una preciosidad
    Besos

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  3. un clásico por excelencia!! besotes

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  4. Me han encantado las citas! Me quedo por aquí, ya que no conocía tu blog. Te dejo el mío por si quieres pasarte, es nuevo: http://espacioentrelibros.blogspot.com.es/

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  5. me gustan algunos fragmentos :D

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  6. Hola :D
    Un clásico que todavía no he leído!
    Un beso, te sigo ^^

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  7. Acabo de terminar el libro y ha sido genial, muy bueno el último párrafo, me parece perfecto para finalizar la obra.
    No sabía de esa nueva edición, que bien que la hayas añadido y gracias por recopilar todas estas frases. 👍👍👍👍
    Saludos a tod@s !!!!

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